miércoles, 14 de marzo de 2007

Los ojos me arden de la tristeza no de la pimienta…


Por: Crystal Fiallo

Colorín colorado este cuento aún no ha terminado. La pimienta anda por doquier y los alcoholímetros acechan en las esquinas los carros que pisan las rayas blancas intermitentes para hacer uso de sus pitillos contaminados.

Se oyen los gritos de un chofer desesperado. Está fuera del carro y se tropieza con todo lo que está en su camino. Se estruja los ojos; no puede ver: “Iba a sacar mis papeles del bolsillo” grita reiteradas veces. Escondido, detrás de su motor verde, está el AMET apuntando con el spray pimienta como si fuera una 9 Mm. Mientras este escenario se desarrolla, dos calles más atrás, otra escena se lleva a cabo.

Un joven de 24 años trae de regreso a casa a su hermana de 19 años, quien apenas puede levantarse debido a su embriaguez, por orden de sus padres. Es detenido por unos oficiales cotorras (verdes). Se le pide que sople por un pitillo que nunca vio de donde salió. El alcoholímetro lo exime de borrachera. Los oficiales se percatan del estado de la copiloto y le solicitan a la misma que proceda a soplar. Apenas pudieron conseguir un soplido de ella. El alcoholímetro los alerta del nivel del alcohol en el organismo de la jovencita y proceden a retener el automóvil.

Una vocecita en la cabeza de uno de los AMET dice: “Por fin, atrapamos a uno de estos delincuentes; parece que este aparato sí funciona después de todo”. Grita el conductor: “Pero y ella que tiene que ver con mi manejo; entonces qué hago? La dejó tirada en la fiesta?”…

Comienza a alterarse el conductor de 24 años, quien reclama justamente su derecho de llevar a su pequeña hermana a casa. Como película de vaquero, canalla por demás, uno de los oficiales cotorra se voltea y lo rocía con su súper spray pimienta.

Las calles tienen sabor a pimienta. Aquellos dominicanos y dominicanas en estado de miseria, tratarán de sazonar sus víveres con este aire que ducha la ciudad. Pica, arde, molesta, pero no por la pimienta sino por la tristeza de que las autoridades se sigan concentrando en agredir a la población en vez de solucionar su situación.

Se atenta contra el principio de la personalidad de la pena: “nadie puede ser responsable por el hecho de otro”. A diferencia de los demás países que implementan el aparato medidor del alcohol, alcoholímetro, la República Dominicana responsabiliza al conductor de todo hecho perjudicial que pueda cometer otra persona ebria que se encuentre en su auto. Esto aparte de que ambas nuevas armas son fruto de medidas ilegales en muchos otros aspectos como: el registro de personas requiere autorización previa de una autoridad competente, contradice ley 241 en su artículo 93, la pimienta no tiene asidero más que una resolución, etc.

Siguen burlándose de los ciudadanos y ciudadanas con estas medidas de supuesta seguridad. ¿Por qué no mejor tratar de erradicar los puntos de venta de estupefacientes que causan tantas muertes en los barrios más marginados del país? ¿Por qué no buscar la forma de contrarrestar la justicia privada que tanto está de moda en estos días? ¿Por qué no mejor educar en vez de empimientar?

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